El engendro mecánico
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Todo lo demás
El dinero es lo primero
Todo sobre mi madre
La lista de Schindler
- 21 Calles de fuego
- 22 Ser o no ser
- 23 El gran combate
- 24 Rompiendo las olas
- 25 Fat City
- 26 Mi tío
- 27 El quinteto de la muerte
- 28 La Guerra de las Galaxias
- 29 Luces de la Ciudad
- 30 Alien, el octavo pasajero
- 31 La lista de Schlinder
- 32 Un par de seductores
- 33 Babe, el cerdito valiente
- 34 El Doctor Frankenstein
- 35 Charada
Aquí, un amigo
Hazte… uno de los nuestros
7 Febrero de 2009
Una vez un rey celebró una fiesta, a ella fueron las princesas más bellas del reino. Un soldado que hacía la guardia vio pasar a la hija del rey. Era la más bella de todas, y se enamoró enseguida. Pero… ¿qué podía hacer un pobre soldado en comparación con la hija del rey?
En fin… un buen día, consiguió hablar con ella y le dijo que no podía vivir sin estar a su lado. La princesa quedó tan impresionada por su fuerte sentimiento que le dijo al soldado:
- Si consigues esperar cien días y cien noches bajo mi balcón, al final, seré tuya.
¡Hay que ver! A partir de ese instante, el soldado se fue allí y espero un día, y dos días, y luego diez, y luego veinte… Y cada noche la princesa le observaba desde la ventana, pero él no se movía nunca. Con la lluvia, con el viento, con la nieve, siempre estaba allí. ¡Los pájaros se le cagaban encima y las abejas se lo comían vivo! ¡Pero él no se movía!
Después de noventa días estaba transformado, había adelgazado mucho y estaba muy pálido. Al pobre le resbalaban las lágrimas de los ojos y no podía contenerlas. Ya no le quedaban ni fuerzas para dormir.
Mientras, la princesa seguía observándole…
Al llegar la noche noventa y nueve, el soldado se incorporó, cogió la silla y… se largó de allí.
- ¿Pero cómo? ¿Al final?
- ¡Sí! ¡Justo al final, Totó! ¡Y no me preguntes cuál es el significado! ¡Yo no lo sé! ¡Si lo entiendes…dímelo tú!
Totó, yo sí aguanté los 100 días, pero ella eligió a Marichalar y sé que al final se arrepintió.
19 Junio de 2008
Obligué a mi madre, a mi suegra y a una hermana de mi suegra, que vive en Palencia y a la que visitamos en los veranos, a ver “La gran comilona”, donde Marcello Mastroianni, Philippe Noiret, Ugo Tognazzi y Michel Piccoli se dedican a comer hasta reventar. Lo hice por mi salud, para que no me obliguen a comer en cantidades industriales cuando les hago una visita y todo alimento que ingiero se les hace poco; quería que reflexionasen sobre los peligros de comer en exceso.
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