El engendro mecánico
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Hazte… uno de los nuestros
3 Mayo de 2009
El trabajo que os sugerimos en esta ocasión tiene como destinatarios a los más pequeños de la casa. Vamos a fabricar el monstruo que el doctor Henry Von Frankenstein construye en la película de 1931 dirigida por James Whale (si le añades dos tacos de madera en los pezones podrás conseguir un colgador muy práctico y original). Para que el monstruo resulte más atractivo lo pintaremos de blanco y negro; de esta forma, nunca más tendrás que merendar solo.
Herramientas
- hoja para cortes curvos en madera
- lijadora
- taladro eléctrico
- broca buriladora de junturas digitales de ø 8 mm
- rodillo
- cubeta
- una bobina de Tesla
- sierra para metal
- sierra de calar
Materiales
- un cadáver en buen estado.
- un celebro o cerebro (que nunca sé cómo se dice y el corrector de word acepta las dos grafías y no me lo subraya).
- 2 tornillos
- contrachapado de ocume de 12 mm de grosor
- 5 tiradores
- varilla de aluminio
- listón de madera de pino de 70 x 35 mm
- adhesivo de montaje
- 2 hembrillas
- 2 machillos
- lámina de plástico autoadhesivo
- selladora
- esmalte acrílico
- pegamento extra fuerte
- muelle
- pelotas de ping-pong
Paso a paso
Para el cuerpo de nuestro monstruo de Frankenstein utilizaremos el cadáver de un jugador de baloncesto de la liga LEB, un material poco utilizado en el mundo del bricolaje, pero que es fácil de manipular y resulta muy económico. Abriremos el cráneo e introduciremos un cerebro. Por último, con dos tornillos y dos tuecas crearemos unos adornos muy originales para el pescuezo.
1. Dibujamos un círculo sobre la cabeza del cadáver empleando un compás. Pinchando sobre el parietal trazamos una circunferencia que abarque desde la zona frontal hasta la occipital. Si no se dispone de compás, también se puede hacer a mano alzada con un rotulador gordo. Cuando lo tenemos marcado, cortamos con la sierra de calar empleando una hoja especial para cortes curvos en hueso.
2. Separamos las dos partes del cráneo con mucho cuidado, introducimos el cerebro de alguna personalidad eminente, si no se dispone de uno, también nos puede servir un bote de Actimel vacío. Después volvemos a juntar las dos partes de la cabeza asegurándonos de que el flequillo queda en la parte delantera. Las fijamos con adhesivo de montaje.
3. Marcamos y perforamos los orificios en los que colocaremos los tornillos que adornarán nuestro monstruo. Para realizar esta tarea vamos a emplear el taladro provisto de una broca para pescuezo de Ø 8 mm, ya que los tornillos que vamos a utilizar son de ese diámetro.
Antes de continuar… UN BRICONSEJO
¿Cómo pelar el fuet sin dificultad?
Se coge el fuet y se introduce en agua durante 1 minuto. Inmediatamente se seca con un trapo de cocina limpio y la piel sale como por arte de magia. ¡Buen provecho!
4. Antes de pintar, lijamos bien todos orificios del monstruo y redondeamos los cantos con la lijadora y una hoja de lija de grano medio. Rematamos el trabajo repasando con una hoja de lija de grano fino para que el acabado sea perfecto. Leer má »
19 Diciembre de 2008
Fue la primera película que vi en el cine a la tierna edad de 7 años en una excursión del colegio donde todos íbamos de la mano formando una cadena humana, recorriendo las principales calles del pueblo. Ya entonces comprendí que se trataba de un plan estratégico del gobierno para potenciar el desarrollo científico de la nación. Felipe González, influido por la relectura de “Un mundo feliz”, atiborraba los planes de estudios de películas que, poco a poco, iban haciendo mella en nuestros cerebros hasta convertirnos, sin ni siquiera darnos cuenta, en prestigiosos neurocirujanos al servicio de la Seguridad Social.
Podría enumerar a mis compañeros de pupitre y lo más bajo que encontraríamos sería a un crítico taurino de la revista “6toros6”, todos los demás, de ahí para arriba. Por poner un ejemplo citaré a Mariano Barbacid, el destacado bioquímico y oncólogo español. La de veces que habrá merendado Mariano Barbacid en mi casa, que su madre tenía que venir a buscarlo a casa y le decía: “Mariano, que nos tenías preocupaos, que no sabíamos ande estabas”. Luego lo que pasa, que el chico se fue a EEUU y fuimos perdiendo contacto, al principio nos llamábamos todos los jueves, pero un Jueves Santo se le olvidó llamar a él y al otro era fiesta en Castilla-La Mancha (porque aquí las vacaciones las daban cambiadas) y así han pasado lo menos veinte años y a mí me da vergüenza llamarle. Supongo que a él le pasará lo mismo. Leer má »
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