El engendro mecánico
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- 23 El gran combate
- 24 Rompiendo las olas
- 25 Fat City
- 26 Mi tío
- 27 El quinteto de la muerte
- 28 La Guerra de las Galaxias
- 29 Luces de la Ciudad
- 30 Alien, el octavo pasajero
- 31 La lista de Schlinder
- 32 Un par de seductores
- 33 Babe, el cerdito valiente
- 34 El Doctor Frankenstein
- 35 Charada
Aquí, un amigo
Hazte… uno de los nuestros
17 Febrero de 2009
Mel Brooks llama a David Lynch a su despacho.
- David (léase Deivi), el otro día estuvimos viendo mi mujer y yo tu película esa de Cabeza Borradora y había pensado en ti para que dirigieses una película, no sé si tenías tú alguna idea o algún guión que quisieras rodar…
A lo que Lynch responde con una ventosidad.
- ¿Te vale ése?
- Es un poco corto, pero contundente.
- Hombre, si quieres lo puedo desarrollar más.
Lynch lanza otra pedorreta alargándola en el espacio y en el tiempo, hace una pausa, y la remata con un redoble.
- ¡Quizás éste sea mejor!
- Ese me parece un corto alargado, pero el final me ha sorprendido, no se puede negar que eres un maestro con el sonido. De todas formas yo estaba pensando que podías dirigir un guión que tengo escrito aquí desde hace tiempo… Se titula “Las locas, locas, locas aventuras del hombre elefante”.
Saca del cajón un libreto y se lo acerca a David Lynch que lo ojea por encima deteniéndose en algunas páginas…
- ¡Pero esto no tiene ni pies ni cabeza!- protesta Lynch.
- ¡A ver si te crees que en tus películas se entiende algo!
- Bueno, antes no, aquí traigo un corto para demostrarte que llevas razón…
Lynch saca una bobina del bolso y la coloca en el Cinexín que hay en el despacho del Sr. Brooks.
- …Pero ahora hasta tienen mensaje.
Mel Brooks no responde y se pone a pensar en otros directores, cuando les interrumpe Anne Bancroft, esposa de Mel Brooks y actriz.
- Cariño, no entiendo esta escena.
- ¿Cuál?
- Ésta.
Anne señala unas líneas hacia la mitad del folio que traía en las manos. Mel Brooks se ríe antes de contestar.
- En esta escena el hombre elefante se ha pasado con la bebida y entra completamente beodo en la habitación donde te encuentras, entonces tú le dices: “¡vaya trompa que llevas!”.
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