El engendro mecánico
Todo lo demás
El dinero es lo primero
Todo sobre mi madre
La lista de Schindler
- 21 Calles de fuego
- 22 Ser o no ser
- 23 El gran combate
- 24 Rompiendo las olas
- 25 Fat City
- 26 Mi tío
- 27 El quinteto de la muerte
- 28 La Guerra de las Galaxias
- 29 Luces de la Ciudad
- 30 Alien, el octavo pasajero
- 31 La lista de Schlinder
- 32 Un par de seductores
- 33 Babe, el cerdito valiente
- 34 El Doctor Frankenstein
- 35 Charada
Aquí, un amigo
Hazte… uno de los nuestros
23 de Mayo de 2009
23 Mayo de 2009
Sé que está dentro de mí, aunque yo nunca he estado en el sistema extrasolar Zeta II Reticuli, ni he sido uno de los tripulantes de la nave espacial U.S.C.S.S. Nostromo, viajo en el autobús de línea y presiento que antes de que llegue a la próxima parada se hará presente entre nosotros, recorre mis intestinos como si yo fuera un John Hurt cualquiera, ninguna computadora me mandó para atender una llamada de socorro, pero aún así lo siento y siento que me utiliza, para él soy sólo un trampolín para salir al mundo exterior. No trabajo transportando minerales entre planetas, ni soy ninguna teniente Ripley con cara de Sigourney Weaver, soy un simple funcionario que no tiene el valor necesario para salvar a los pasajeros de este autobús, si quedo con fuerzas después de que me abandone, no consiste en llegar a la Tierra, se trata de recorrer 300 metros, mi objetivo es la próxima parada, miro a mis acompañantes, todos inocentes, sé que tengo que salvarles, si supieran que está dentro de mí, pondrían todas sus esperanzas en mi fuerza de voluntad, ahora sé que mi misión no es salvarme, mi misión es salvarles. Podría obligar al conductor a parar el vehículo, pero eso alarmaría a los pasajeros y eso no nos aseguraría que la catastrofe se fuera a evitar. Al fondo puedo ver la parada, no tengo que hibernar para llegar hasta allí. Está cerca. Estamos parados en un paso de cebra. Ya casi estamos. Se mueve en mi interior con más fuerza, como si presintiera el final de algo, como si intuyera la salida hacia delante, ansioso por empezar una nueva vida. ¿Qué será de mi? No puedo resistirlo. Empiezo a sudar. Siento mucho calor, no percibo el aire acondicionado. Miro los rostros de las personas que vuelven del trabajo, ajenas a la catástrofe, hablan con sus parejas, con sus hijos, con los amigos. Nadie repara en mi.
No puedo hacer nada. Sólo puedo decir que lo siento. Ya no está mis manos. Noto cómo sale y el ruido que hace…
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El autobús se para y me bajo. Ellos se quedan dentro. Lo siento.
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