El engendro mecánico
Todo lo demás
El dinero es lo primero
Todo sobre mi madre
La lista de Schindler
- 21 Calles de fuego
- 22 Ser o no ser
- 23 El gran combate
- 24 Rompiendo las olas
- 25 Fat City
- 26 Mi tío
- 27 El quinteto de la muerte
- 28 La Guerra de las Galaxias
- 29 Luces de la Ciudad
- 30 Alien, el octavo pasajero
- 31 La lista de Schlinder
- 32 Un par de seductores
- 33 Babe, el cerdito valiente
- 34 El Doctor Frankenstein
- 35 Charada
Aquí, un amigo
Hazte… uno de los nuestros
Enero de 2009
28 Enero de 2009

James Cagney rodó “Uno, dos, tres” a las órdenes de Billy Wilder, una obra maestra que seguro que habrán visto, pero si acaso alguien que no lo ha hecho, dígannos, por 25 pesetas, razones por las que no habría que morirse antes de haber visto esta película, como por ejemplo, porque la dirige Billy Wilder y no hay más que decir, un, dos, tres, responda otra vez…
Porque la dirige Billy Wilder y no hay más que decir…
Porque la dirige Billy Wilder y no hay más que decir…
Por el acuerdo entre La Habana y Moscú de intercambiar cigarros por cohetes…
Por el acuerdo entre La Habana y Moscú de intercambiar cigarros por cohetes…
Porque hay reminiscencias Nazis, Comunistas y un reloj que sustituye al Cuco por el Tío Sam…
Porque hay reminiscencias Nazis, Comunistas y un reloj que sustituye al Cuco por el Tío Sam…
Porque al conductor de Metro nadie le contó lo que pasaba arriba y no se enteró de que Hitler llegó al poder…
Porque al conductor de Metro nadie le contó lo que pasaba arriba y no se enteró de que Hitler llegó al poder…
Porque la Kremlin Cola no la beben ni en Albania…
Porque la Kremlin Cola no la beben ni en Albania…
Porque los Alemanes hacen lo que quieren con la democracia…
Porque los Alemanes hacen lo que quieren con la democracia…
Porque no hay nada mejor que una rubia para cerrar un trato con los comunistas…
Porque no hay nada mejor que una rubia para cerrar un trato con los comunistas…
Porque por mucha Coca-Cola que salga, el final es para la Pepsi-Cola…
Porque por mucha Coca-Cola que salga, el final es para la Pepsi-Cola…
Porque si huimos fusilarán a mi familia… a mi mujer, a mi suegra, a mi cuñado, a mi cuñada… ¡Huyamos!
Porque si huimos fusilarán a mi familia… a mi mujer, a mi suegra, a mi cuñado, a mi cuñada… ¡Huyamos!
Porque James Cagney es capaz de hablar más rápido que el hombre de los Maicromachins en su penúltima actuación…
Porque James Cagney es capaz de hablar más rápido que el hombre de los Maicromachins en su penúltima actuación…
Porque, aunque la película sea en blanco y negro, salen globos verdes mandando a los Yankies a casa…
Porque, aunque la película sea en blanco y negro, salen globos verdes mandando a los Yankies a casa…
Porque, aunque la película sea en blanco y negro, salen globos amarillos mandando a los Yankies a casa…
Porque, aunque la película sea en blanco y negro, salen globos amarillos mandando a los Yankies a casa…
Porque, aunque la película sea en blanco y negro, salen globos azules mandando a los Yankies a casa…
Porque, aunque la película sea en blanco y negro, salen globos azules mandando a los Yankies a casa…
(Pausa.)
Porque… porque… la dirige Billy Wilder y no hay más que decir…
Tilín, tilón, tilín, tilón, tilín…

Que Wilder esta película dirigió,
es algo que usted repitió.
23 Enero de 2009
No tengo buenos recuerdos de Walter Matthau, era un pesado, siempre me hacía la misma broma cuando iba a pedir a la barra, se volvía y me preguntaba: Jack, ¿Lemmon? Era pesadito, repetía la broma una y otra vez, Jack, que si quieres Lemmon, y lo peor es que te explicaba el chiste, Lemmon, Lemmon, lo coges, como Lemmon es limón en inglés, bueno, es con una m, pero fonéticamente son indistinguibles, y al final siempre terminaba diciendo, vamos, que si quieres una Fanta. Claro que cuando hicimos la película “En bandeja de plata”, el chiste se hizo insoportable, porque le añadía la coletilla, Jack, ¿te traigo el Lemmon en bandeja de plata? Y yo le decía, Walter, ese chiste no tiene gracia en USA, porque la película se titula “The Fortune Cookie” y nosotros, yo que he nacido en Massachussets y tú en Nueva York, que yo sepa, hablamos en inglés, isn’t it? Pero a él le daba igual, se descojonaba de todas maneras y, de repente, se quedaba parado en seco, para retomar de nuevo la broma, entonces te traigo un Lemmon con unas Fortune Cookies o con unos panchitos, oye, ¿por qué no le llaman a la película en español “Panchitos” o “Los panchitos de la suerte”? Jack, qué te pasa, te estás poniendo amarillo, claro, como eres un Lemmon.
18 Enero de 2009
Los éxtasis, desde Santa Teresa, han dado grandes momentos al arte patrio. Podríamos comentar la maravillosa película de Mariano Barroso, protagonizada por Javier Bardem y Federico Luppi (¿había más actores en la película?) que incluye frases impagables como aquella de en este mundo hay dos tipos de personas: los que quieren dinero y los que no saben lo que quieren; sin embargo, hoy me voy a detener en otra obra magna del éxtasis… la canción de Chimo Bayo, un himno generacional que sigue la mejor tradición de canciones que se inventan palabras para transmitir un sentimiento, entre las que podríamos incluir el Ob-la-dí Ob-la-dá de los Beatles, el más cercano y pasional Oví, ová e incluso el soniquete que acompaña a nuestras selecciones en la competiciones deportivas: “a la bin, a la ban, a la bin bon ban, España, España y nadie más”. Pero si hay que nombrar a un precursor en este género musical, sería sin duda Manolo Escobar que popularizó una canción en cuyo estribillo lo arriesgaba todo diciendo:
Porompompón, poropo, porompom pero, peró,
poropo, porom pompero, peró,
poropo, porompom pon (bis).
Después de Manolo, algunos artistas hicieron tímidos intentos de arrebatarle el trono escudándose en la ingesta etílica para crear palabras que ya se han convertido en un clásico de las verbenas:
Anda chube chive chave,
otro vacho de chervecha que che chube a la cabecha.
O la más tradicional:
A mi me gusta el pipiripipipi
de la bota empiná parapapapa
con el pipiribipipipi
con el paparabapapapa
Pero ninguna tan atrevida como la de Chimo Bayo, que se marca 84 palabras seguidas sin decir nada o quizá con eso ya lo esté diciendo todo:
Que tumbam bam que tumbam que tepetepe
tambambam que tumbam que pim.
Chiquitam chiquititam tam tam
que tumbam bam que tumbam que tepetepe
tambambam que tumbam que pim.
Chiquitam chiquititam tam tam
que tumbam bam que tumbam que tepetepe
tambambam que tumbam que pim.
Extasi extano.
Extasi extano.
Extasi extano.
Extasi extano.
Chiquitam chiquititam tam tam
que tumbam bam que tumbam que tepetepe
tambambam que tumbam que pim.
Chiquitam chiquititam tam tam
que tumbam bam que tumbam que tepetepe
tambambam que tumbam que pim.
13 Enero de 2009
8 Enero de 2009
¿Cómo habría terminado la película de Ridley Scott si Susan Sarandon y Geena Davis hubiesen estado a los mandos del “Coche Fantástico“?
Más o menos así…
3 Enero de 2009
Georgie Dann y Carlos Jean mantuvieron una reunión secreta el pasado otoño, poco después de salir elegido presidente Obama. Georgie Dann estaba desesperado porque hace tiempo que no goza del favor del público y sus seguidores se vuelven cada vez más viejos y reacios a asistir a las verbenas. King África le ha ido eclipsando verano tras verano y el último verano, que el King no sacó ninguna canción, Georgie Dann tuvo miedo de que Rodolfo Chikilicuatre se lo comiera todo y se retiró de la escena musical concentrando todas sus energías en el 2009.
Carlos Jean, un productor musical muy moderno y supermolón que ha trabajado con OBK y Najwa Nimri, se había convertido para Georgie Dann en la última esperanza de llegar a las nuevas generaciones. Quedaron en “La casa de los minutejos” y Georgie Dann apareció con un casete donde había grabado algunas ideas que quería enseñar a Carlos.
- ¡El baile de los Vampiros! El título ya es pegadizo. ¿Qué te parece?
Carlos Jean miró fijamente a Georgie y repasó mentalmente la película del mismo título de Roman Polanski y Sharon Tate intentado relacionarla con “Mami, qué será lo que tiene el negro”. Al final dijo:
- Roman Polanski. Ya veo lo que pretendes.
- ¿Roman Polanski? No, no. Yo he elegido ese título porque puede dar mucho juego. Podemos jugar con el doble sentido, que es mi especialidad. El estribillo podría decir: chúpame, chúpame… Y un coro preguntaría: ¿el qué? Y yo respondo… el cuello. ¿Lo entiendes? Chúpame, chúpame. La gente aquí empieza a pensar que le chupe otra cosa, pero entonces es cuando yo digo lo del cuello. Por eso lo de los vampiros. ¡Qué Roman Polanski ni Roman Polanski! ¿Entiendes? ¿Te pones en situación? En la plaza del pueblo, la orquesta detiene la música y todo el mundo corea… ¡el cuello!
- Ya veo. Dame la casete y en una semana nos vemos en este bar comiéndonos unos minutejos.
Cuando a la semana llegó Georgie Dann, Carlos se había comido por lo menos ocho minutejos.
- Creo que lo tengo- dijo Carlos Jean.- Escucha.
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- Pero, pero, pero, Carlos, dónde está el coro que pregunta para que la orquesta se pueda parar y entonces el público responda lo del cuello. Éste no es mi estilo. ¿Y mi voz? ¿Qué has hecho con mi voz? La has sustituido por la voz de uno de esos sintetizadores que te bajas de internet y le pones una frase por el teclado y te da la opción de que te lo lea como Antonio o Carmen y hasta como un robot. Madre mía, madre mía, y ahora qué hago yo, al final me pasa como siempre, que se me echa el tiempo encima y ya me veo otro año sin sacar la canción del verano. Leer má »
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